jueves, 5 de septiembre de 2013

Aquellos maravillosos años

No recuerdo la fecha exacta, puede que fueran los últimos días de 2011 o los primeros de 2012, cuando recibí la llamada del periodista y amigo Rafael Aníbal. Me llamaba para decirme que iba a publicar un libro sobre la corrupción en España en los últimos diez años y para invitarme a participar escribiendo sobre la corrupción en Madrid. Le dije que sí y pensé en comprar paquetes y paquetes de folios. Rápidamente Rafa me bajó los pies al suelo: "no hay mucho presupuesto, quiero los casos más llamativos y pocas hojas" Al final se publicó en junio de 2012 un libro editado por Rafael Aníbal y la Editorial "Contintametienes" titulado " Aquellos maravillosos años" que habla de corrupción y despilfarro con seriedad, rigor periodístico, ironía y sentido del humor. Aquí os enlazo mi parte, que por desgracia sigue siendo actualidad. Ahora pienso que David Simon se hubiera ahorrado una pasta rodando en Madrid "The Wire" y que Madrid y Baltimore tienen motivos suficientes para hermanarse.


Todo está preparado, Rafael Simancas Simancas será el nuevo presidente del Gobierno Autonómico de la Comunidad de Madrid. Es 10 de junio de 2003. Lo que no sabe el futuro presidente es que dos parlamentarios de su grupo, elegidos en las últimas elecciones, desertarán impidiendo su nombramiento. Ni siquiera se abstienen sino que desaparecen. No es la sinopsis de un largometraje, es la vida real. La gran beneficiada es Esperanza Aguirre, que es elegida presidenta por el Partido Popular en las elecciones posteriores. Los dos angelitos tienen nombre, son Eduardo Tamayo Barrena y María Teresa Sáez Laguna y alegan que se ausentaron en el momento de la votación porque se oponían al pacto del PSOE con Izquierda Unida.



El relato está lleno de extrañas casualidades que fueron conociéndose con el tiempo, porque si algo tienen los corruptos y los que se dejan corromper es su imbecilidad al hacer gala de una inmunidad que pueden pagarse. Resulta que las habitaciones de hotel donde se ocultaron, no por vergüenza claro, estaban reservadas por empresarios del sector inmobiliario y de la construcción y que, además, tuvieron un escolta, José Antonio Expósito, que conocía días antes que tendría que proteger a alguien porque en Madrid iban a suceder acontecimientos anormales en esa fecha. Lo habían contratado empresarios afines a la presidenta Aguirre y uno de ellos, de nuevo la casualidad se personifica como el ángel de la guarda, es uno de los mayores beneficiados por el Gobierno del Partido Popular. La cadena SER informó de que el mencionado escolta trabajaría después para Julio Ariza, editor de varias publicaciones de ultraderecha y presidente de Intereconomía.



Ante estos hechos, en cualquier país democrático, se hubiera puesto todo pastas arriba y un gran juicio hubiera alumbrado la verdad. ¿Qué se hizo aquí? Ahora viene lo mejor, se creó una comisión de investigación, una burda treta del poder establecido para cubrir todo de una gruesa capa de estiércol. Incluso Mariano Fernández Bermejo dijo que se le había prohibido actuar como fiscal de Madrid, puesto que desempeñaba por aquellas fechas.



Enrique Jardiel Poncela escribió en una de sus novelas, por boca de uno de sus personajes, que el español es quijotesco, goyesco y bandoleresco y hoy vale esa definición para muchos personajes de aquella burla sumarísima. En definitiva, lo más grave de aquel esperpento es que siguen sin conocerse muchas cosas del montaje, que era muy fácil de desmontar. Pero hay algo más grave aún y es dejar sin castigo aquellos delitos, decirles a los ciudadanos que a veces sus votos no valen de nada cuando otros intereses se imponen, herir a la democracia y al Estado. Después, ya saben, aunque un Gobierno nazca con déficit democrático no pasa nada, se arregla con un presupuesto multimillonario y una televisión propia para convertir Madrid en una casposa, conservadora y católica lanzadera contra todo lo que huela a progreso y bienestar social.



¿SE CASA LA REINA? NO, ES LA HIJA DE AZNAR



El 5 de Septiembre de 2002, un año antes de tan lamentables acontecimientos, tuvo lugar en la Comunidad de Madrid un evento imperial. La villa afortunada fue San Lorenzo de El Escorial. En la mismísima basílica del monasterio, tumba de FelipeII, contrajo matrimonio una joven pareja, Ana Aznar, hija de José María Aznar, a la sazón presidente del Gobierno, y Alejandro Agag, asistente personal de su suegro en la Moncloa hasta 1999. Al humilde acto acudieron representantes de las más altas instituciones del Estado así como líderes políticos internacionales: Sus Majestades Los Reyes, Tony Blair, José Manuel Durao Barroso, Silvio Berlusconi, testigo del novio, y Antonio Rouco Varela, entonces Cardenal Arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, quien ofició la eucaristía.

En definitiva, acudieron más de un millar de invitados, incluyendo la plana mayor del Partido Popular, así como magnates, empresarios y personajes del deporte y la cultura. Sí, asistieron Fernando Sánchez Dragó, José Luis Garci y Julio Iglesias, entre otros. Independientemente de lo obsceno y hortera que resulta que un presidente del Gobierno case a su hija de este modo, las preguntas que se hace la mayoría de ciudadanos son cuánto costó la fiesta y quién la pagó.



Algumos pensarán que éramos un país rico, claro, hacíamos pisos como churros para que no viviese nadie en ellos y nos daban hipotecas que sabían que no podríamos pagar. Muchos de los que estaban en "allí me colé y en tu fiesta me planté" preparaban ya escenarios que ahora nos son tan desafortunadamente conocidos. ¿Qué parte de nuestros impuestos se desvió para pagar el abrumador operativo de seguridad? ¿Quién pagó todos los excesos, propios de una boda real?



¿QUEDA ALGÚN INVITADO DE LA BODA DE AZNAR EN LIBERTAD?





El 6 de febrero de 2009 el magistrado de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón ordena una investigación por una supuesta trama de corrupción que opera a en Madrid, Valencia y la Costa del Sol. A los implications se les acusa de blanqueo de capitales, fraude fiscal, cohecho y tráfico de influencias. Dos días después salen a la luz los nombres de los presuntos implicados: Arturo González Panero, alcalde de Boadilla del Monte; Guillermo Ortega, gerente del mercado Puerta de Toledo, y Alberto López Viejo, consejero de deportees de la Comunidad de Madrid.



En los siguientes meses van apareciendo nuevos nombres, el 27 de marzo hay ya 55 imputados. La Comunidad de Madrid se llena de nombres, entre alcaldes y diputados del PP en la Asamblea de Madrid: Benjamín Martín Vasco, Alfonso Bosch... Caen también diputados nacionales del PP y el tesorero nacional del mismo partido, Luis Bárcenas, además de empresarios que trabajaban con la red de corrupción. La trama recipe el nombre de Gürtel, por el apellido del principal cabecilla, el empresario Francisco Correa. Este caso due destapado por el periódico El País, a cuyos investingadores les fue concedido el Premio Ortega y Gasset de periodismo.



Ni que decir tiene que la presidenta del Gobierno autónomo de la Comunidad de Madrid "desconocía" todo lo que pasaba con sus diputados y alcaldes y en un alarde de dignidad no dimitió como responsable últIma de todos los hechos, eso sí, hizo dimitir a todos los que estaban imputados. Había sucedido antes con los casos de espionaje, pero no habría filmografía suficiente en el mundo, serie B, para igualar los últimos diez años de Gobierno de nuestros ex ministra doña Esperanza.



Otra "casualidad", ¿saben quién se pavoneaba como un gallo por el empedrado del Patio de los Reyes en la boda del siglo? Uno de los invitados más ilustres, puesto que amamantaba decenas de las bocas que rezaban al compás que marcaba Rouco Varela, el mismísimo Francisco Correa, el crebro de la trama Gürtel, o don Vito como gustaba que le llamaran sus secuaces, en versión señorito, pijo y paleto. Además era amigo personal de Alejandro Agag y uno de sus padrinos, ese primor de niño, como dirían por el sur, exitoso en todas sus aventuras empresariales con magnates y padrinos. Entre los papeles encontrados por la Policía en un almacén que la red tenía en un polígono industrial de Alcorcón, donde los mafiosos guardaban enseres para eventos que montaban a dirigentes del PP, entre ellos a José María Aznar y Esperanza Aguirre, había una carpeta dedicada a la boda. Una cuerda de las que casi nunca se puede tirar.



Existe una página en Facebook que se llama "¿queda algún invitado a la boda de Ana Aznar en libertad?". Todo está en el aire, tan en el aire que hay personajes como Luis Bárcenas, el ex tesorero nacional del PP que ya avisó de que si él caía arrastraría a otros, y además apuntó alto. En una reunión que mantuvo con la secretaria general de su partido,María Dolores de Cospedal, dijo que si seguían presionándole filtraría información sobre algunos asuntos comprometedores, como la susodicha boda. Imagino a Cospedal, con la peineta puesta, negociando con él y susurrándole al oído, mientras le clava una daga, "eres uno de los nuestros".





MÁS CASUALIDADES



Así está el castizo Madrid, pudriéndose como un cadáver lleno de gusanos. Pero la corrupción no es coto privado de políticos y empresarios. Madrid aglutina tantas instituciones, organismos y ministerios que la corrupción es directamente proporcional a la cantidadad de los mismos. Me refiero ahora a la Justicia y me pregunto cómo es posible que el juez que investiga y encarcela a los mafiosos, de los que les he hablado, sea inhabilitado por ordenar a los cuerpos de seguridad que escuchen las conversaciones que mantienen los presos, para así evitar la fuga del capital que nos han robado a todos o que sigan manteniendo negocios ilegales. Cualquier ciudadano puede deducirlo, no se puede tocar a los poderosos. ¿No es corrupción la prevaricación? ¿Han dictado a sabiendas una resolución injusta? Claro que sí, han utilizado su cargo y sus funciones en provecho de ellos o de aquellos a los que encubren.



Un artículo de Rafael Fernando Navarro publicado en nuevatribuna.es me ha llenado de escalofríos; habla de la corrupción, Baleares, Valencia, Madrid, Andalucía, la Gürtel, el "Caso Campeón", los ERE esnifados como cocaína, las obras faraónicas que terminaron costando el doble de lo presupuestado, los aeropuertos dedicados al paseo dominguero... Pero ahora llega el escalofrío:



" La palabra dada por los políticos, conscientes de que va a ser traicionada, encierra una perversión que deberíamos denunciar con más empeño que la apropiación indebida del dinero. El dinero, en una democracia, es menos importante que la palabra. Porque la palabra es el vientre lúcido de la democracia. La palabra la fecunda, la crea y la pone en la luz de la responsabilidad compartida. Pero alguien la obliga a hacer la calle. La coloca en una esquina, falta corta y escote transparente. Se trata de ganar una clientela tan prostituida como ella. Carne de palabra barata, propiedad de chulo proxeneta. Rajoy llegó a la Moncloa y se dio cuenta de que el país estaba mal. Si antes no lo sabía no debería haber aspirado a la Presidencia. Si lo sabía (seguro que lo sabía) mintió descaradamente, profanó ese vientre que es la palabra y se enfangó en la corrupción más abominable. Esta corrupción es más sangrante que la económica. Es traición, prevaricación, puñalada en los costillares de un país. No fueron promesas las promesas. Y ahora, el miedo como elemento transformador de una libertad a la que los políticos degradan y a la que temen ¿Hasta dónde puede aguantar un país sin abdicar de su dignidad? "





Siempre me gustaron las películas de la mafia, quizá porque al final todos acaban pagando sus crímenes de una manera u otra. Quizás porque las imaginaba lejos o porque era yo el que manejaba el mando a distancia y podía, a mi antojo, poner fin a ese universo de hora y media. Ahora vivimos en su territorio y sus protagonistas venden y compran almas aniquilando ideologías. Nunca fuimos ricos. Ricos son unos pocos, los mafiosos, los especuladores, aquellos que congelan los préstamos de la felicidad con su corazón de ceniza.